A mi hija de cuatro años y medio le encanta subirse a la encimera de la cocina para hacer ella misma el zumo.
Necesita poner sus dos manos con toda su fuerza contra el exprimidor eléctrico para extraer el exquisito jugo.
Es muy divertido.
Ayer aconteció algo distinto de lo habitual.
Ya había exprimido ella la media naranja hasta obtener la última gota de zumo.
Yo me disponía a darle la siguiente media naranja.
Pero ella volvió a insistir en seguir con la que estaba ya vacía.
Yo se lo señalé.
Pero ella hizo caso omiso. Siguió
Paró para enseñarme la "cáscara" vacía, blanquecina.
Le dije que genial, que ya estaba terminada.
Pero para mi sorpresa ella volvió a llevar la ya ordeñada naranja al potro de tortura eléctrico.
Yo, ojiplático.
Al final se la quité de la mano con cierta brusquedad de mi parte.
Seguramente ella estaba más en lo divertido-lúdico y yo en la eficiencia-resultados.
Me faltó empatía con su manera de vivir lo que estaba haciendo.
Como casi siempre, múltiples lecturas pueden hacerse de lo acontecido.
A mí me vino esta COMPRENSIÓN:
¿Cuántas veces nos empeñamos en querer seguir sacándole jugo a una relación, una situación, un proyecto cuando la Vida me está diciendo por activa y pasiva que ya está agotado????
A veces quedamos agarrados a la naranja ya exprimida aunque incluso nos haga sufrir.
Con tal de no sostener el vacío de soltarla sin tener garantizada la llegada de una nueva naranja.
Sostener el vacío de la mano vacía.
Cuánto por aprender.
Cuánto por evolucionar.
Atenta-mente
Fernando Tobías
PD: La frase "a ver si encuentras tu media naranja" ha hecho más daño que tele 5....
